No le temas al mundo, querida. Ni al ayer, ni al mañana. Jamás juzgues a nada de infinito; claro que tampoco bautices por efímero a todo. Recuerda, que vida sólo hay una. Que una, es vida por sí sola. Que cada instante es un regalo por abrir, una oportunidad para cambiar el rumbo, y que en cada uno de estos instantes baila el azar y la casualidad se tambalea por nuestras cabezas. Tú no eres distinta a las demás niñas. Jamás lo fuiste… Oh, vida… Tan sólo eres una cría… Una cría que jamás gozará de recuerdos de infancia.
Recuerda, tú siempre recuerda. Recuerda no ser jamás como yo. Si algo he aprendido, es que se puede aprender. Dios mío… Si pudiera empezar de cero… No viviría con miedo. ¿Recuerdas aquellas verjas amenazantes que encierran a los pájaros del tío Diego en una constante monotonía, en un sin vivir… pajarillos que baten sus alas y golpean las de otros, ceñidos a la angustia de lo inevitable? Ese será tu miedo, pequeña; el mío también lo fue.
La impotencia de pensar que tuve tanto tiempo… años, meses, días… Tantas oportunidades que tú no tendrás. No sabes cuantas cosas me dejo por hacer, cuantas veces dije que no cuando debería haber callado mientras el “Qué más da” me llevaba de su mano. Ah… ¡Tendría que haber devorado con ganas aquel helado de chocolate! ¡Oh, sí! ¡Revolcándome sobre la hierba que besaba el rocío, al trabajo en pijama, al mar sin mudas, gritar desde lo alto de una cima cualquiera que era libre, que era libre, pero que aún no me había dado cuenta! ¡Oh, claro que sí! ¡Vaya, qué miedo me daba subir a aquel avión! ¡No conduzcas tan deprisa! Le dije. ¡Coge el paraguas, no vaya a ser que te mojes! Viajar. ¡¿Qué es eso?! Soñar. ¡¿Cuándo?! Reir. ¡¿Yo?! Sentir. ¡¿Se puede?! Mirar a través de tus ojos, querida, y ver en lo que me he convertido… Una pobre anciana que se pasó la vida muriendo.
Tú, pequeña, no cometas los mismos errores. Aunque tu vida vaya a ser más corta que la de cualquier otra mujercita de tu edad, una enfermedad, un cáncer latente no va a borrar esa sonrisa de gran dama que heredaste. Créeme que puedo sentir esa llama; una llama de aventura, de vivacidad, una llama dinámica y traviesa, que duerme dentro de ti. La llama que yo jamás desperté… Las viejas sabemos demasiado. Confía. Pero también ama, come, sonríe, respeta, calla, grita, juega, llora… Recuerda.
Recuerda, porque nadie más lo hará. Recuerda que nada importa, y que si importa, qué más da. Recuerda que te quiero y que estaré junto a ti hasta el último día, que te contaré un cuento, te cantaré una nana, te acariciaré la mejilla mientras me prometo no llorar. Recuerda que eres preciosa, querida, que muchos muchachos quedarán prendados, seguro. Recuerda que si lo puedes soñar, lo puedes hacer, pero no sueñes tu vida… Vive tu sueño. Sobretodo vive, vive para ti, y vivirás eternamente. Te pido que recuerdes, no que no olvides, porque deberás tener presente esto cada instante de tu vida, cada momento de lucidez y cada año de oscuridad; cada amor y desamor, cada risa, cada lágrima, carcajada o llanto… Recuerda, porque el tiempo nos olvida. Pequeña, besa al mundo por mí.

No hay comentarios:
Publicar un comentario