Ten misericordia de mí, Jesús. Ten piedad de los ruegos de los ingenuos que contra mí atentan; pensamientos que me desvelan, palabras manchadas de sangre, pinceladas de veneno… que al fin y al cabo sólo son el anhelo y la melancolía de mil lúcidos recuerdos. Pobres tontos que no saben de qué alardean. Escupen sobre mi nombre y magnifican su mugre aclamando a la culpabilidad sin razón. No hay coherencia en sus acusaciones, no la hay.
Me ruegan compasión. ¿A cambio de qué?
A cambio de evitarme, echarme de sus casas como a un perro moribundo que entra buscando la solidaridad que luego en sus textos sagrados te prometen, Señor. Hurgar a cambio, tal vez, en mis heridas, perjurando mi existencia, rogando mi extinción. Maldecirme noche sí, noche también; negarme alojo, cariño, amor. No me dieron padre o madre, cálida ternura, esperanzas, conmoción… Socialmente despechos; nunca cogí una mano amiga, jamás unos labios rozaron mi piel, ni una sola muestra de aprecio…
Podrían todos ellos. ¡Todos! Formar gentío en torno a mí y mirarme, mientras chiquillos piojosos insultan y el rumor se pasea por las bocas de las viejas. Podrían observar como bañado por risitas quisquillosas y brutales carcajadas ahí mismo muero, sin más ayuda que la mía misma, Señor… Mas, ¿Qué hago? ¡¿A quién llamo Señor, Amo, Dios, Padre…?! A quién si no es a la mismísima inexistencia, incredulidad… Sólo es fe… No, no es siquiera eso. La ciega fe es la única estúpida razón por la que algún día me necesitaron. ¿Y luego qué? Olvido. Algunos hasta me guardan aún rencor por dichos actos cuando en su día no veían si no otro remedio. ¿Recuerdan? No. No, no, no. ¡No! ¡No quiero llantos! ¡No más sollozos! ¡No más bella poesía que me infame! ¡No más melodías de súplica! ¡No más!
¡Aludidos deberían sentirse! Sí, ustedes. Usted, usted y sí, usted que lee. Dichosa raza que me trata a patadas… “El ser humano” ¿Verbo? No. Simple sustantivo que se conceden con ademán de halago. Pero no están siendo humanos. Es todo mentira, como su fe, como todas y cada una de sus palabras. La justicia; justo ejemplo. Fardan de una sociedad justa… JA, JA, JA. Qué bien se pintan, qué dulce utopía no les deja ver lo que hay detrás de la hipocresía que cada uno engendra y cría; y tarde o temprano, acaba creyendo.
¿El castigo? Sigue siendo mío. ¡Todo para mí! ¿Acaso no es el derecho universal? Injustos. Yo jamás empleé favoritismo alguno. Xenofobia, racismo… No, aquello eran palabras mayores. Yo nunca hice distinción sobre ninguno de ustedes. ¿La importancia del sexo? Nula. Físico, carácter, nacionalidad o genio, jamás me importó. No elegí a joven por viejo; igual escogí a aquel recién nacido con mil expectativas de futuro que fallece en el mismo parto, que a aquella anciana, carcomida, que ya ha vivido suficiente, alcanzado la cima de su pequeño montón de ideales y cierra sus ojos para no abrirlos nunca más. Me llevé tanto a los que se pudren en riquezas, como a los que sobreviven como pueden en la cruel miseria. Ojos grises, negros, azules; miradas perdidas, cabellos dorados, sonrisas radiantes, apagadas… mentes privilegiadas y no tan privilegiadas, idealistas, soñadores, políticos, reinas del drama… La homosexualidad, no fue mayor sorpresa, no fue una inclinación hacia mi decisión final, no me importó… Cosa, de la que muchos de ustedes no podrán presumir. ¿Verdad?
Aún así, ya ven. Me guardan intenso rencor e infinito desprecio por mis actos del ayer, y por los que saben que vendrán mañana. Soy consciente de que he sido causa de sus lágrimas, de sus sollozos, de sus penas, agonías, depresiones… y que algunas no han hecho más que traerlos también junto a mí y acunar lágrimas en ojos ajenos. Intentan engañarme con inútiles artimañas, esperanzas tecnológicas; que sólo añaden segundos a su cronómetro vital, diversión en mi juego. La inmortalidad siempre permanecerá como un burdo deseo utópico e inalcanzable que constantemente tratarán de desafiar. Pero caerán, una y otra vez; y de una de estas no podrán levantarse. Verán.
Porque yo soy quien os corta los hilos, pequeñas marionetas mías. La soga que lucís en el cuello. Un gatillo. La Luna de un joven Lorca. Una enfermedad, hecha epidemia. La violencia de género. Una guerra. Las incógnitas de un loco. Perder la esperanza. Un sueño de Dalí. Desamores que reclaman venganza... Yo soy, queridos títeres, vuestra cuenta atrás. Pues la Vida, es tan sólo aquel instante, aquella chispa endeble que os concedo antes de venir conmigo… Una vez aquí, se acabó el color de rosa y la picardía con la que me burlabais en vida, ¿Eh? Se hace el silencio y shhh…
Os volvéis incluso más inútiles de lo que ya erais vivos, os convertís en materialismo puro, si no lo erais ya. Observáis las flores crecer desde abajo, como la escoria. ¿Y yo? Vuestra majestuosa desgracia, el susurrante eco de vuestros pecados. Yo, vuestra eterna esclavitud, el latente remordimiento, la impotencia que os reconcome. Yo, el sinsentido de la vida, la respuesta a vuestra filosofía, vuestra cadena perpetua, el anticristo de vuestras esperanzas, vuestro infestado sepulcro… ¿Yo? La mismísima Muerte.

si es que tienes unas palabras! dios como molas! xD
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